Fui a los bosques…

«Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido. No quería vivir lo que no fuera la vida; ¡es tan hermoso el vivir! […]

En mí casa tenía tres sillas: una para la soledad, dos para la amistad, tres para la sociedad. […]

A veces un poco harto de la sociedad y la conversación humanas, y gastados ya todos mis amigos de la aldea, vagaba hacia el Oeste más allá de mi morada habitual, paseando por partes menos frecuentadas del municipio, por bosques frescos y praderas recientes, o mientras se ocultaba el sol, hacía mi cena de grosellas y frambuesas en la colina de Fair Haven y amontonaba una reserva para varios días. Los frutos no entregan su verdadera fragancia ante quien los compra ni ante quien los recoge para el mercado. Sólo hay un medio de conseguir ese aroma, pero pocos emprenden esa vía. Si se quiere conocer el sabor de las grosellas, hay que preguntárselo al resero o la perdiz. Es un vulgar error suponer que uno ha gustado unas grosellas que nunca recogió por sí mismo.»

Henry David Thoreau | Walden – La vida en los bosques (1854)

Perspectivas anómalas • ciudad arquitectura ideas

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