Experiencia estética y la modernidad: El arte que mira a la vida.

El Romanticismo marcaría un antes y un después, en todos los sentidos, los cambios por la revolución industrial abriría caminos nuevos fruto de los momentos convulsos en donde, las tradiciones ya no daban respuestas válidas, es así como las subjetividades florecerían y múltiples caminos nuevos saldrían de la oscuridad del pensamiento tradicional.

Nos acercamos a las rupturas que crearan fisuras en la época moderna dando lugar a la modernidad.

PEC 2 Experiencia estética y la modernidad.

Hasta el Romanticismo, el arte siempre había estado al servicio de un poder con un deber en cuanto a las formas de representación, al uso de técnica y materiales. El arte debía ser contenedor de las verdades absolutas que en cada periodo de la historia tomaban por ciertas. El arte no podía ser autónomo, de ser así, se esparcirían mentiras sin fundamento, devenires que no “son”. Desde Platón hasta antes del Romanticismo, el arte debía seguir unas normas de representación específicas, unas normas para condensar las ideas, la verdad del mundo, un “mundo verdadero” que dejaba en la penumbra otras formas, otros sentires.

Estas normas serían fruto de los ideales que en cada periodo servían de sustento en cuanto a lo que era el mundo, una balsa que en constante movimiento en la historia buscaba anclarse en ideas fijas e inmutables como una forma de posesión del mundo, sólo así, la verdad reluciría. El pensamiento socrático, que tan crítico sería Friedrich Nietzsche (1844-1900) de contener la verdad, de buscarla “desesperadamente” para inmovilizarla y no escapara en multiplicidades, singularidades incontrolables y por lo tanto no dignas de ser conocibles, fue siempre el cimiento de los periodos venideros, un instrumento que sólo servía al poder dictando así los modos de vida aceptados.

El timón de la balsa que se movía por la historia (aunque intentaban inmovilizarla) era la razón, funcionaba de instrumento de aparente cohesión para aquellos que eran ajenos a tales arenas movedizas del movimiento que se quería inmovilizar, una forma de regulación de la vida sin saberse que otros mundos eran posibles. Las tradiciones que durante siglos habían significado la verdad y por lo tanto sustento de la vida, empezaron a sacar a la luz su condición de balsa que en verdad siempre estuvo en movimiento y acabó por estar a la deriva en los periodos de revoluciones, quizá como diría Nietzsche, saldría a la luz su condición de mentira. Esta ruptura con las tradiciones del pasado se iniciaron con la Revolución Industrial, el creciente medio burgués y la cada vez mas decadente condiciones de vida de la gente, dio paso a la falta de sentido de progreso que sólo beneficiaba a unos pocos rompiendo con unos ideales que ya no valían y generando una nueva forma de pensamiento. El Romanticismo se daría en toda Europa con tres focos principales: Alemania, Inglaterra y Francia siendo mas representativo en Alemania ya que el Romanticismo se alimenta del idealismo alemán: la filosofía deja de preocuparse por lo exterior y centra su atención en el yo como realidad principal. Pero el individualismo de los románticos no está reñido con su actitud solidaria y el espíritu de protesta social y política (Boj 2013). El sujeto forma parte de la historia y debe reivindicarse como tal. El arte ya no estaba al servicio de un poder, ya no estaba encerrada en ideas inmutables, la mirada de la tradición racional giró hacia lo individual y los sentimientos personales. La primera ruptura hacia la modernidad podría ser este cambio de mirada que será decisivo posteriormente, no volviendo mas hacia el pasado de las verdades absolutas representadas en el arte, ni al servicio de un poder, no tal y como hasta entonces se conocía, el cuerpo sería ahora el único medio frente al periodo del agotamiento de todos los valores. Con el Romanticismo, sin duda, surgiría un gran cambio estructural, el arte ha comenzado a ir más allá de sí mismo «pero dentro de su propio ámbito y en la forma del arte mismo» (Hegel y Brotón Muñoz 1989) fronteras que se traspasarán totalmente con las vanguardias, difuminándose cada vez mas las líneas de lo considerado “artístico” “arte” o “artista”, reconfigurándose en nuevas formas de hacer y cuestionándose continuamente a si mismo.

El arte romántico se posa en la imaginación, la subjetividad y la libertad, no buscan obras perfectas en base a la razón, sino a la sugestión, el Romanticismo rompe así con el neoclásico que le precede donde el arte era gobernado por las reglas marcadas por la razón y un sentido didáctico moral. La imaginación como facultad inmediatamente captadora de verdad, diferente e incluso superior a la razón y al entendimiento, un don especial del artista (Valverde 2020). Aunque después del romanticismo este “don” desaparecía quedando la subjetividad del artista en un segundo plano, el artista ya no será captador de la verdad mediante su imaginación sino que da voz a realidades del presente y él será un medio para canalizar ese presente.

En el foco del romanticismo alemán, la estética de Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770 – 1831) habla de arte como la culminación de la evolución histórica a través del desarrollo histórico, introduce el sentido historicista, de tiempo, del movimiento de la historia y las interacciones humanes que dan lugar a lo que somos y a la forma de pensar, el arte no es creación únicamente de la creatividad humana, sino fruto de las interacciones a lo largo de la historia. Nace la conciencia histórica, hecho que en periodos anteriores no ocurría, se caracterizaban por ser anti-historicistas donde la historia no era realmente apreciada algo que cambiará en el siglo XIX dando paso a la racionalidad histórica. El ser humano se comprenderá así mismo no como un sujeto que piensa (el ich denke kantiano), sino como un sujeto que piensa y actúa en la historia (Blanco Pérez 2011).

El sujeto no es ya pasivo en la historia, en esa historia devaluada en boga del conocimiento científico y matemático que no veía en la historia respuestas certeras universales; del pasado no cabe ciencia (Aristóteles Poética 9, 1451b 3ss). El ente ya no es, sino, que está siendo, nada se sostiene ni tiene sentido si no es en su devenir.

La historia ahora si cuenta y los sujetos que forman parte de ella dándole forma, la conciencia histórica dará al sujeto una visibilidad hasta entonces negada, aquí podríamos encontrarnos en un segundo cambio estructural, el sujeto y su hacer en la historia hasta ser para Nietszshe, “si-mismo” artista, que a través del impulso poético conoce y crea su propio camino, el superhombre que se hace a sí mismo y transmuta sus valores, no camina ya sobre lo que “es” sino hacia lo que podría ser, construye sus propios caminos.

Los momentos históricos convulsos de la época como en el caso de la Revolución francesa de 1848 donde se sucedieron revueltas por parte de la clase obrera que, aunque fracasaron, sirvieron de muestra hacia la necesidad de cambios, (algo que se extendería por otros países del entorno occidental) sería motivo de la necesidad para algunos artistas de dar voz al entorno social, contar la realidad social, supuso así una ruptura con el Romanticismo donde ya no importaba el yo del autor, sino que el artista sería narrador de los hechos cotidianos que se acontecen de manera objetiva y ya no subjetiva como ocurría anteriormente en el Romanticismo, un giro de mirada donde el arte representaba la vida de la gente sin idealizaciones. Junto con la afirmación de la vida de Nietzsche, aquí nos podríamos encontrar en el tercer cambio estructural, el valor de la vida cotidiana.

Se dejaba así las glorificaciones del pasado dando paso a las personas y situaciones del presente.

El arte (tal vez diría Niezstche) se estaba convirtiendo mas dionisíaco, un arte de la vida misma y no de la razón prisionera del lenguaje que todo lo deja inmóvil para poseerlo, aunque aún prisionera de las formas del arte, estos cambios de mirada serían el preámbulo al traspaso de las fronteras en lo artístico, fuera de la estaticidad de las normas, del poder, fuera de la estaticidad de los limites, ahora el sujeto elige su camino, el ser humano es el creador, una obra en si misma que se sale de lo que es para crear los caminos de los posibles. Para él el arte es manual, no tanto en la escritura, ya que él criticaría muy duramente los conceptos que hacen el ejercicio de “egipticismo” socrático embalsamando a la vida. Su enfrentamiento con la metafísica tradicional daría paso al nihilismo en la que es el sujeto el que crea su propio camino, una muerte de Dios que no es suficiente si, como decía él, seguimos creyendo en la gramática, las palabras que encierran a la vida sin posibilidad de abrirse. El artista creador que construye su camino lo hace a partir de si mismo con el derecho de, no nombrar lo que ya existe sino, crear palabras nuevas que nombren lo posible, habla del derecho a nombrar nosotros a las cosas, el poder de construir cada uno nuestro propio sistema de representación. Renuncia a la mímesis, a la construcción por pura repetición de reglas (Rayón 2017).

Niezstche pretende abrir una grieta en la época moderna hacia el modernismo encaminado hacia la importancia de que el mundo deba volverse dionisíaco, una producción del sentido, el cuerpo que se mueve en el “mundo aparente” y no en el mundo inteligible de ideas etéreas, individuo que abandona las identidades impuestas para crear su propio camino, no se mueve en el deber kantiano sino en el YO QUIERO, el superhombre que hace una trasmutación de sus valores centrada en la vida y en el deseo de vivirla y el arte será un camino para alcanzar esos nuevos valores. La muerte de Dios no en el sentido estricto sino, de la muerte de los valores hasta entonces establecidos por agotamiento que se abre a nuevos caminos, se cuestiona a si mismo y traspasa sus propias fronteras.

Si el arte al principio miraba hacia unas normas que representaran las esencias del mundo, mas tarde serían la manera de acercar los dogmas religiosos al pueblo, o para representar la grandeza, el estatus, el poder… ahora el arte miraba a la gente, a la vida común, el mundo sensible, esa vida común siempre tan despreciada, ahora, el centro del arte mismo como una forma de mostrar como es la vida misma, ese arte que era el retrato del culmen griego, a la propaganda de los vencedores, a la pedagogía de la divinidad y de la moral, a la burguesía, el poder y la clase, el arte ahora miraba a la dignidad de la vida y a aquellos a los que nunca se los había tratado ni mirado como tal, el arte se sale de los margenes establecidos, traspasa la líneas del poder hacia las subjetividades, es de las personas y sus voces personales que se mueven como torrentes y que nunca han dejado de hacerlo pese a los continuos grilletes que se ha impuesto a la vida. El arte que servía como medio para el poder, ahora pasa a manos de aquellos a los que el arte se les ha impuesto (y negado) desde arriba sin consulta alguna, sin participación, el arte es el medio, como diría Nietzsche, para instaurar nuevos valores, una nueva forma de pensar en relación continua con la vida, la inmediatez de la vida, el mundo sensible, un arte que pueda dar luz a los lugares dejados en la penumbra en la existencia. No se busca la verdad sino la afirmación de la vida.

El arte desde entonces caminaría hacia un lugar muy distinto, ya no se encierra en verdades absolutas, es el arte la vida misma en continuo movimiento, mas viva que nunca, la que ya no se disputa por las verdades de un poder establecido, sino, que ahora el mismo arte, le muestra todas sus vergüenzas y aquello que han invisibilizado durante tanto tiempo cercando posibles caminos. Aquello que todavía no tiene ni música, ni palabra, que está presente pero no se nombra (Morey 2014). Un camino que abriría un campo de pensamiento nuevo en constante exploración, una relación continua con la vida que cambiará las estructuras del pensamiento donde el sujeto es participe dispuesto a crear nuevas fisuras que abran cada vez mas el pensamiento, un eterno retorno de los continuos devenires hacia su fuerza creativa, devenires tanto tiempo silenciados, se comenzará a dar luz a aquellos lugares en la oscuridad marginados por un lenguaje donde no existía cabida a ser nombrados por las densas, estáticas, inmovilizadoras y pesadas estructuras del pensamiento que han sido cimientos de la cultura occidental, ahora se abren a infinitos caminos que darán lugar a nuevos imaginarios donde la vida estará siempre presente y en continuo movimiento.

El ser no es otra cosa que sus eventos.

Pedro Alzuru.

Fuentes de información:

(Aristóteles Poética 9, 1451b 3ss. Blanco Pérez 2018)

BLANCO PEREZ, CARLOS ALBERTO. 2018. Ensayos Filosoficos Y Artisticos. Madrid: DYKINSON.

(Boj 2013)

BOJ, FERNANDO. 2013. «La estética del romanticismo». Complemento Agente. [online].

Disponible en: http://complemento-agente.blogspot.com/2013/10/la-estetica-del-romanticismo.html (Consultada el 30 de Marzo de 2020).

(Hegel y Brotón Muñoz 1989)

HEGEL,W.G. F;Lecciones de estética,traducción deA.Brotóns Ed.Akal,Madrid, 1989.

(Morey 2014)

MOREY, MIGUEL. 2014. Sobre Nietzsche. El filósofo como artista (1ª sesión). Conferencia presentada en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), 29 de julio de 2014, en Barcelona, Cataluña.

(Rayón 2017)

RAYÓN, BEATRIZ. 2017. «Apuntes Sobre La Historia De La Estética IV: Nietzsche».Oculta Lit. [online]. Disponible en: https://www.ocultalit.com/filosofia/apuntes-la-historia-la-estetica-iv-nietzsche/ (Consultada el 30 de Marzo de 2020).

(Valverde 2020)

VALVERDE PACHECO, JOSE MARÍA. 2020. La estética contemporánea. (FUOC. Fundación para la Universitat Oberta de Catalunya).

Fotografía portada: Bartolomé Esteban Murillo, «Mujeres en la ventana» 1665-1675, óleo sobre lienzo, 125 x 104 cm.

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